La vida que no acaba
Vivo, y creo que no soy el único, como si la vida no acabara nunca. A pesar de que sé que un día moriré, me preocupo por la salud, por el futuro, por la familia, por los amigos, por tantas cosas como si de mí dependieran. Y recuerdo. Recuerdo momentos y situaciones de mi vida como si existieran en algún lugar y un día hubiera de volver a pasar por ellos. Me acuerdo de cuando mi madre me despertaba por la mañana para que fuera al colegio; de cuando el sábado por la tarde, después de jugar a fútbol, a escondite y a la guerra, nos bañábamos y luego veíamos Viaje al fondo del mar; de los canelones navideños y del pollo guisado del domingo; del paquete de tabaco que bajaba a comprar al bar para mi padre; de la merienda de pan con chocolate; de Tintín; de la discoteca en verano; del billar, las largas charlas con los amigos y las grandes esperanzas...
Siento que estos momentos existen en otra dimensión y que, si encuentro la puerta, entraré en ellos. Es más, no es extraño que a veces tenga la sensación de que estoy a punto de revivirlos. De la misma manera que al leer un libro o ver una película, cada vez con mayor frecuencia, me invada el "ya lo he leído o ya la he visto". Sin ir más lejos, me ha ocurrido con un libro que me regalaron por Sant Jordi (escrito el original en 1928 pero publicado aquí en 2005).
¿Cómo es posible? Una parte, alguien la podría explicar con eso de las reencarnaciones y de nuestras vidas anteriores. Aun así, sería difícil de explicar el haber vivido sucesos futuros. Claro que siempre cabe la justificación de alucinaciones debidas a las limitaciones de nuestro cerebro para interpretar la realidad a través de un número finito de conexiones neuronales.
A mi me tienta otra interpretación que incluso pudo estar avalada, al menos en la vertiente teórica del fenómento, por la ciencia. Como ya he insinuado antes, podría ser que nuestra vida existiera siempre. Por decirlo de alguna manera que fuera como una película. Dentro de la película no tienes más remedio que avanzar con ella; pero, si te sitúas en otra dimensión (sales de la película y controlas el mando), puedes ir adelante o atrás y ver el fragmento que quieres o repetirlo cuantas veces desees.
Ahora, que los científicos perdonen mi osadía por los disparates que pueda decir. Al principio de formularse la teoría de la relatividad, se creyó que ésta proveía de un fundamento teórico a la posibilidad de viajar en el tiempo (el espacio/tiempo forman un uno). Luego se matizo en el sentido que la flecha del tiempo avanza en un sentido pero que hay factores que hacen difícil que se mueva en el contrario (al menos en nuestro mundo, por aquello de que es fácil ver como un vaso se cae de la mesa y se rompe, pero es difícil que veamos como los trozos rotos del vaso vayan desde el suelo hasta la mesa y se recompongan). Creo que la posibilidad teórica está ahí de la misma manera que la reacciones químicas en principio pueden ir en una u otra dirección, lo único que en algún tipo de reacción es muy complicado que se den las condicones necesarias para que pueda ser reversible.
Pues bien, si por difícil o improbable que sea, existe la posibilidad de viajar en el tiempo y de ir hacia adelante o hacia atrás, no queda más remedio que admitir que nuestra vida existe siempre y está fijada en algún lugar. Otra cosa es que seamos capaces o no de salir de la película y verla desde fuera. Tampoco voy a entrar ahora en las implicaciones que esto acarrea sobre la libertad o el fatalismo. Así que aquí me despido.
Siento que estos momentos existen en otra dimensión y que, si encuentro la puerta, entraré en ellos. Es más, no es extraño que a veces tenga la sensación de que estoy a punto de revivirlos. De la misma manera que al leer un libro o ver una película, cada vez con mayor frecuencia, me invada el "ya lo he leído o ya la he visto". Sin ir más lejos, me ha ocurrido con un libro que me regalaron por Sant Jordi (escrito el original en 1928 pero publicado aquí en 2005).
¿Cómo es posible? Una parte, alguien la podría explicar con eso de las reencarnaciones y de nuestras vidas anteriores. Aun así, sería difícil de explicar el haber vivido sucesos futuros. Claro que siempre cabe la justificación de alucinaciones debidas a las limitaciones de nuestro cerebro para interpretar la realidad a través de un número finito de conexiones neuronales.
A mi me tienta otra interpretación que incluso pudo estar avalada, al menos en la vertiente teórica del fenómento, por la ciencia. Como ya he insinuado antes, podría ser que nuestra vida existiera siempre. Por decirlo de alguna manera que fuera como una película. Dentro de la película no tienes más remedio que avanzar con ella; pero, si te sitúas en otra dimensión (sales de la película y controlas el mando), puedes ir adelante o atrás y ver el fragmento que quieres o repetirlo cuantas veces desees.
Ahora, que los científicos perdonen mi osadía por los disparates que pueda decir. Al principio de formularse la teoría de la relatividad, se creyó que ésta proveía de un fundamento teórico a la posibilidad de viajar en el tiempo (el espacio/tiempo forman un uno). Luego se matizo en el sentido que la flecha del tiempo avanza en un sentido pero que hay factores que hacen difícil que se mueva en el contrario (al menos en nuestro mundo, por aquello de que es fácil ver como un vaso se cae de la mesa y se rompe, pero es difícil que veamos como los trozos rotos del vaso vayan desde el suelo hasta la mesa y se recompongan). Creo que la posibilidad teórica está ahí de la misma manera que la reacciones químicas en principio pueden ir en una u otra dirección, lo único que en algún tipo de reacción es muy complicado que se den las condicones necesarias para que pueda ser reversible.
Pues bien, si por difícil o improbable que sea, existe la posibilidad de viajar en el tiempo y de ir hacia adelante o hacia atrás, no queda más remedio que admitir que nuestra vida existe siempre y está fijada en algún lugar. Otra cosa es que seamos capaces o no de salir de la película y verla desde fuera. Tampoco voy a entrar ahora en las implicaciones que esto acarrea sobre la libertad o el fatalismo. Así que aquí me despido.

4 Comments:
Aquí andamos todos, sin salirnos de nuestra vida pero siempre hacia adelante. Cuando miras hacia el pasado, ¿sientes nostálgia? Yo no sabría cómo definir lo que siento cuando me veo sentada en un balcón de casa de campo con las piernas colgando mientras obervo la desierta carretera con un bocadillo de tortilla en la mano...
¿Tristeza por todo aquello que no volverá? ¿Alegría por recordar con tanta nitidez los momentos más felices? Mejor pensar en lo que somos ahora, ¿no crees?
A parte de la nostalgia que puede haber en el texto, quería transmitir la inquietud de que presente, pasado y futuro estén ya fijados y que nosotros o mejor nuestra consciencia se desplaza por ese espacio (espacio/tiempo) como el que visita un museo o ve una película (interactivos si tú quieres). Seguramente existiran infinidad de variantes de nuestras vidas contenidas en esa especie de calediocopio dodecaédrico de universos dentro del universo.
“Ya lo he leído o ya lo he visto” dices.
¡Claro que se puede explicar así!. Cada vida -¿mejor decir cada alma, cada espíritu?- como un registro en el que todo queda escrito, en todas nuestras apariciones en escena. Quizá algún día -o ya, ahora, en otro lugar ¿porqué no?-, a alguna otra manifestación de la Vida, diferente del hombre que somos en la Tierra, le sea dado controlar el mando. ¿Se habrá, en ese punto, llegado a algún sitio que se pueda calificar de final de algo, o será una nueva fase de anhelos e insatisfacciones?.
Aquí cuando decimos “ya lo he leído o ya lo he visto” estamos percibiendo el reflejo de esa misma cosa que ya paso por nuestro espíritu en otro momento pero de la cual, los mecanismos actuales, impiden que seamos conscientes: nos falta el mando. De hecho podríamos decir “ya lo he leído o ya lo he visto” en cualquier momento de nuestra vida y si no lo decimos cuando somos niños es porque nos falta quizá la atención y seguro los elementos interpretativos.
Aunque yo más bien me atrevería a verlo como que la vida, que obediente al dictado profundo se pasa el tiempo tejiendo -¿nunca destejiendo?-, lanza permanentemente hilos y más hilos virtuales de vivencias y experiencias a nuestra mente. Y lo que al principio era sólo un conjunto de neuronas poco organizadas, se va conformando en paquetes ya no virtuales, primero simples y a velocidades crecientes mas y más complejos, que constituyen el reflejo en nuestro interior de ese tejido de la vida. Es decir, la materia prima de nuestro cerebro seria conformada por las manos virtuales del espíritu externo y pronto surge e él el espíritu autónomo. Y ese espíritu autónomo, por el mismo camino que ha entrado en nuestro cerebro a través de unitarias vivencias y experiencias de carácter virtual, sale después, ya condensado, con autonomía y virtual, cuando el soporte no virtual de las neuronas deja de ser suficiente. Y ya no deja nunca de ser autónomo.
Aquí cuando decimos “ya lo he leído o ya lo he visto” estamos proyectando la sabiduría que, poco a poco, se ha ido instalando en nosotros. Ya no sólo podemos recibir experiencias, vivir experiencias, sino que también podemos crear experiencias y, a través de esta creación, anticiparnos a las que nos vienen de fuera.
Cualquiera interpretación es buena, lo mismo que cualquier Dios es verdadero, ya que lo que importa no es el fin sino los medios. No es saber cual es la verdad, que probablemente no lo sea ninguna de ellas, sino transitar el camino de la verdad, mejor dicho de la búsqueda de la verdad, que ya por si misma es nuestra verdad: la máxima a que podemos llegar en esta fase.
Veo que te inclinas por la interpretación neuronal de una parte del fenómeno (la parte del "dejà vu", si se escribe así). Yo lo presentaba como una prueba más de un conjunto que me hace sospechar que algo no cuadra. Hay otras partes que no tocas, como por ejemplo la de vivir la vida como si la muerte fuera un fracaso, que moriremos cuando fallemos (sin embargo morimos todos). O la posibilidad de viajar en el tiempo...
Supongo que tu explicación parcial, si se aplica como total, conlleva la no exitencia de la conciencia, espíritu o alma si no es como resultado de la función neuronal o cerebral.
¡Es viernes por la tarde y no me pondré a intentar esclarecer este berenjenal!
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