Responsabilidad y culpa
La resposabilidad es la capacidad que tenemos de responder de nuestros actos. Esta capacidad no presupone juicio sobre la bondad o maldad de la actuación. Mientras que la culpa sí lleva ímplicita la noción de falta, esto es de algo mal hecho o hecho contra alguna norma y que produce un daño. Para ser culpable es imprescindible ser responsable. Por lo tanto de lo que no somos responsables no podemos ser culpables. De ahí la importancia de saber hasta dónde llega nuestra responsabilidad: la que nos atribuyen (asignan) y la que nos adjudicamos. A menudo nos sentimos culpables, o quieren que nos sintamos culpables, de algo de lo que no somos responsables.
Por ejemplo, los padres son responsables de dar a sus hijos alimento, abrigo, cuidados, educación. Esta responsabilidad es decreciente conforme avanza la edad i la responsabilidad de los hijos aumenta, hasta que adquieren su independencia. Los padres tienen una responsabilidad y los hijos otra. Si un hijo de 18 años suspende, tiene problemas de drogas, fracasa en sus relaciones personales o no tiene todos los caprichos que desea, no puede culpar a sus padres de estos déficits por más que ellos hayan tenido fallos o hayan roto su relación, ni los padres han de sentirse culpables de no poder dar a sus hijos cosas que no están a su alcance o que, aun estándolo, consideran que no han de dárselas.
Por contra tampoco debemos eludir nuestra responsabilidad y achacar la culpa de nuestros fracasos o frustaciones al vecino. Seguro que si repasamos nuestra biografía es fácil que encotremos algún episodio en el que justificamos no haber estudiado piano, ni pintado un cuadro, ni cambiado de trabajo, ni hecho un viaje exótico o no haber escrito una obra maestra por tener hijos, porque nuestra pareja no nos comprende o porque tal o cual persona nos ha frenado.
En resumen, asumamos nuestra responsabilidad sin sentirnos culpables, por más que nos señalen con el dedo, de aquello que en conciencia no somos responsables.
Por ejemplo, los padres son responsables de dar a sus hijos alimento, abrigo, cuidados, educación. Esta responsabilidad es decreciente conforme avanza la edad i la responsabilidad de los hijos aumenta, hasta que adquieren su independencia. Los padres tienen una responsabilidad y los hijos otra. Si un hijo de 18 años suspende, tiene problemas de drogas, fracasa en sus relaciones personales o no tiene todos los caprichos que desea, no puede culpar a sus padres de estos déficits por más que ellos hayan tenido fallos o hayan roto su relación, ni los padres han de sentirse culpables de no poder dar a sus hijos cosas que no están a su alcance o que, aun estándolo, consideran que no han de dárselas.
Por contra tampoco debemos eludir nuestra responsabilidad y achacar la culpa de nuestros fracasos o frustaciones al vecino. Seguro que si repasamos nuestra biografía es fácil que encotremos algún episodio en el que justificamos no haber estudiado piano, ni pintado un cuadro, ni cambiado de trabajo, ni hecho un viaje exótico o no haber escrito una obra maestra por tener hijos, porque nuestra pareja no nos comprende o porque tal o cual persona nos ha frenado.
En resumen, asumamos nuestra responsabilidad sin sentirnos culpables, por más que nos señalen con el dedo, de aquello que en conciencia no somos responsables.

2 Comments:
Seamos responsables sin culparnos de serlo en demasía. Me ha gustado tu reflexión.
Gracias por la visita. Hace tiempo que no cuelgas nada en tu blog. A ver cuando te animas.
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