La causa responsable
De algún modo, creo que Hume desterró el principio de causalidad, en el sentido de que a una causa no le sigue obligatoriamente el mismo efecto o, al revés, que de un efecto no se puede inferir una única causa. Nosotros, o nuestras mentes, estamos acostumbrados a encadenar hechos y relacionarlos como causa y efecto, pero este encadenamiento no existe en realidad o no es tan estrecho, sino que pertenece más bien al ámbito de la probabilidad. Por ejemplo, estoy mojado porque llueve o si llueve me mojo. ¿Eso es siempre así? Es evidente que no: puede llover y no mojarme, y puedo estar mojado sin que haya llovido.
Por lo tanto nosotros no podemos predecir al cien por cien las consecuencis de nuestros actos. Lo cual no quiere decir tampoco que nuestros actos no tengan consecuencias ni que no esxistan causas y efectos ya que, si así fuera, perderíamos la responsabilidad de nuestros actos. Por ejemplo, cuando alguien envenena a una persona y esa persona muere, nosotros decimos que la causa de la muerte ha sido el veneno y, por extensión, que el responsable de esa muerte ha sido el envenenador. Si admitimos que muerte y envenenamiento son dos hechos no unidos por una relación causa/efecto no podemos pedir responsabilidad ni culpa al envenenador. Para poder pedirle responsabilidad, como mínimo, hemos de aceptar que el hecho de envenenar acarreará alguna consecuencia sea o no la muerte, puesto que la persona envenenada también habría podido morir sin que la hubieran envenenado, y que el autor ha podido elegir entre hacerlo o no hacerlo.
Nos movemos en un entramado de causas que hace difícil que podamos discernir cuál es la causa más importante o la primera o la última que origina un suceso determinado y que nos hace responsables de haberlo ocasionado. Nuestra responsabilidad deviene relativa y la línea que delimita en justicia nuestra culpa depende del punto de vista del observador. Embriagado por esta borrachera de inseguridad puedo incluso llegar a sentirme culpable de algo por lo que nadie llegará a culparme (o viceversa, sentirme inocente de lo que otros me culpan).
Dejo esta maraña aquí hasta el año que viene en el que algunos intentaremos de nuevo desenredarla siguiendo el hilo de la responsabilidad y la culpa.
Por lo tanto nosotros no podemos predecir al cien por cien las consecuencis de nuestros actos. Lo cual no quiere decir tampoco que nuestros actos no tengan consecuencias ni que no esxistan causas y efectos ya que, si así fuera, perderíamos la responsabilidad de nuestros actos. Por ejemplo, cuando alguien envenena a una persona y esa persona muere, nosotros decimos que la causa de la muerte ha sido el veneno y, por extensión, que el responsable de esa muerte ha sido el envenenador. Si admitimos que muerte y envenenamiento son dos hechos no unidos por una relación causa/efecto no podemos pedir responsabilidad ni culpa al envenenador. Para poder pedirle responsabilidad, como mínimo, hemos de aceptar que el hecho de envenenar acarreará alguna consecuencia sea o no la muerte, puesto que la persona envenenada también habría podido morir sin que la hubieran envenenado, y que el autor ha podido elegir entre hacerlo o no hacerlo.
Nos movemos en un entramado de causas que hace difícil que podamos discernir cuál es la causa más importante o la primera o la última que origina un suceso determinado y que nos hace responsables de haberlo ocasionado. Nuestra responsabilidad deviene relativa y la línea que delimita en justicia nuestra culpa depende del punto de vista del observador. Embriagado por esta borrachera de inseguridad puedo incluso llegar a sentirme culpable de algo por lo que nadie llegará a culparme (o viceversa, sentirme inocente de lo que otros me culpan).
Dejo esta maraña aquí hasta el año que viene en el que algunos intentaremos de nuevo desenredarla siguiendo el hilo de la responsabilidad y la culpa.
