crosto

Monday, May 08, 2006

La vida que no acaba

Vivo, y creo que no soy el único, como si la vida no acabara nunca. A pesar de que sé que un día moriré, me preocupo por la salud, por el futuro, por la familia, por los amigos, por tantas cosas como si de mí dependieran. Y recuerdo. Recuerdo momentos y situaciones de mi vida como si existieran en algún lugar y un día hubiera de volver a pasar por ellos. Me acuerdo de cuando mi madre me despertaba por la mañana para que fuera al colegio; de cuando el sábado por la tarde, después de jugar a fútbol, a escondite y a la guerra, nos bañábamos y luego veíamos Viaje al fondo del mar; de los canelones navideños y del pollo guisado del domingo; del paquete de tabaco que bajaba a comprar al bar para mi padre; de la merienda de pan con chocolate; de Tintín; de la discoteca en verano; del billar, las largas charlas con los amigos y las grandes esperanzas...
Siento que estos momentos existen en otra dimensión y que, si encuentro la puerta, entraré en ellos. Es más, no es extraño que a veces tenga la sensación de que estoy a punto de revivirlos. De la misma manera que al leer un libro o ver una película, cada vez con mayor frecuencia, me invada el "ya lo he leído o ya la he visto". Sin ir más lejos, me ha ocurrido con un libro que me regalaron por Sant Jordi (escrito el original en 1928 pero publicado aquí en 2005).
¿Cómo es posible? Una parte, alguien la podría explicar con eso de las reencarnaciones y de nuestras vidas anteriores. Aun así, sería difícil de explicar el haber vivido sucesos futuros. Claro que siempre cabe la justificación de alucinaciones debidas a las limitaciones de nuestro cerebro para interpretar la realidad a través de un número finito de conexiones neuronales.
A mi me tienta otra interpretación que incluso pudo estar avalada, al menos en la vertiente teórica del fenómento, por la ciencia. Como ya he insinuado antes, podría ser que nuestra vida existiera siempre. Por decirlo de alguna manera que fuera como una película. Dentro de la película no tienes más remedio que avanzar con ella; pero, si te sitúas en otra dimensión (sales de la película y controlas el mando), puedes ir adelante o atrás y ver el fragmento que quieres o repetirlo cuantas veces desees.
Ahora, que los científicos perdonen mi osadía por los disparates que pueda decir. Al principio de formularse la teoría de la relatividad, se creyó que ésta proveía de un fundamento teórico a la posibilidad de viajar en el tiempo (el espacio/tiempo forman un uno). Luego se matizo en el sentido que la flecha del tiempo avanza en un sentido pero que hay factores que hacen difícil que se mueva en el contrario (al menos en nuestro mundo, por aquello de que es fácil ver como un vaso se cae de la mesa y se rompe, pero es difícil que veamos como los trozos rotos del vaso vayan desde el suelo hasta la mesa y se recompongan). Creo que la posibilidad teórica está ahí de la misma manera que la reacciones químicas en principio pueden ir en una u otra dirección, lo único que en algún tipo de reacción es muy complicado que se den las condicones necesarias para que pueda ser reversible.
Pues bien, si por difícil o improbable que sea, existe la posibilidad de viajar en el tiempo y de ir hacia adelante o hacia atrás, no queda más remedio que admitir que nuestra vida existe siempre y está fijada en algún lugar. Otra cosa es que seamos capaces o no de salir de la película y verla desde fuera. Tampoco voy a entrar ahora en las implicaciones que esto acarrea sobre la libertad o el fatalismo. Así que aquí me despido.

Dos mejor que una

Hablaba en Ignorancia y felicidad de la satifacción que siento al dar un nuevo paso. Hoy por fin he conseguido linkar mi blog con alguno de los vuestros (no figura como link, sino como archives, pero de momento funciona que es lo que importa). Me ha proporcionado una doble alegría, porque no sólo he avanzado, sino que he comprobado que, cuando la he necesitado, ha surgido una nueva mano amiga que me ha ayudado. Parece milagroso ver como el camino se va abriendo a cada paso que damos (igual que esas puertas automáticas que se abren al pisar frente a ellas) y que nuestro desamparo no es total.
Sólo me queda sonreír y decir gracias.